Introducción
La Confluencia de los ríos Limay y Neuquén comprende un ecosistema de extraordinarias características diferenciadas de la dinámica y estructura regional del ecosistema del monte. Está enmarcado por la rigurosidad climática de la región biogeográfica, donde la amplitud térmica y la regularidad de la sequía se expresan en una vegetación xeromórfica singular, cobertura vegetal escasa y rala, suelos esqueléticos y una biodiversidad de tipos adaptados y restringidos cuantitativamente, por las escasas oportunidades para variados nichos ecológicos. La Confluencia emerge como un oasis, pero también como un corredor verde de especies y nutrientes desde la Cordillera de los Andes al mar, “regando” un basto territorio árido.
La Confluencia es también un punto de referencia en el sentido de la representación social, en cuanto sintetiza el encuentro de diversas culturas que fundaron este valle a imagen y semejanza de las tradiciones agrícolas de los valles europeos, desde donde inmigraron variadas poblaciones de origen ruso, italiano, español y alemán entre otros. Es también representación de encuentro como “choque” de culturas. Es el escenario del arrebato de la civilización blanca al indio, desplazado no solo de este sitio sino despojado de su territorio. Este punto de la Confluencia expresa también el enclave a partir del cual la civilización avasalladora hace pie en la Patagonia norte, fundando un periodo de especulaciones sobre la tierra y la propia capitalidad del Territorio Nacional de Neuquén y de degradación mas adelante, alternados con periodos de esfuerzo y prosperidad llevados adelante por una “nueva comunidad del valle”.
La Confluencia es historia y memoria. Memoria del despojo y también de la fundación de una cultura del esfuerzo y el trabajo de los que sembraron y arrebataron a la aridez, el dominio de la hostilidad del viento y la sequía. Los amplios bosques ribereños, y las fértiles tierras del valle son la expresión mas representativa de esfuerzo mancomunado de casi un siglo de construcción de un oasis de regadío que hoy al igual que a principios de siglo es despojado por la barbarie especulativa, rentista, cortoplacista, facilista y los llamados “inversores” (hasta ahora no han invertido un solo peso genuino en obras productivas y desarrollo social y urbano), hoy llamados “desarrolladores”, que ejecutan proyectos urbanísticos obtenidos de “moldes” enajenados de la realidad y las condiciones ambientales y paisajistas de la región, aliados a sus socios locales.
En este contexto histórico, se ha configurado un ambiente particular, con una dinámica dirigida por la cultura de la sociedad pasada, que se proyecta al futuro sobre las bases de un nuevo orden cultural y ético - ambiental de los procesos de globalización y de homogeneización de los estilos de vida y desarrollo urbano. El ambiente seminatural conformado actualmente se estructura sobre un mosaico de diversidades; de parches y elementos del paisaje histórico, del construido y el natural. Este paisaje “integrado”, resultante de la síntesis de la cultura y la naturaleza original, se encuentra amenazado por una actividad inmobiliaria dirigida a reconvertir espacios naturales y productivos, en una ciudad de “elite” a través del Proyecto Paseo de la Costa (Ordenanza Nº 10010/04), acentuando el proceso de “gentrificación” (Fernandez, 2001) que en la ciudad se despliega desde los años 90, con el “boom” de los barrios cerrados. Las consecuencias de esta reconversión implican la expulsión del productor agropecuario y la restricción del acceso a la vivienda social sobre el valle, a nivel de la sociedad. Para la naturaleza, (la original y la segunda naturaleza, la de la cultura valletana) la modificación de la cobertura vegetal, reemplazando bosques de salicáceas por parques, la restricción del acceso público a las riberas, la modificación de los cauces naturales del río, a través del relleno de lagunas y la “polderización” de tierras por encauzamiento de las aguas del lecho natural del río hacia un solo cauce contenido por defensas artificiales, con la consecuente destrucción del hábitat ribereño.
Frente a esta situación proponemos la creación de un Área Natural Protegida en el ambiente ribereño del valle de la Confluencia, que comprenda:
tierras productivas sin reconversión
cercos vivos (cortinas de álamos) que actúan como corredores biológicos
asentamientos periurbanos tendientes a consolidar un estilo constructivo adecuado al régimen hidrológico y con fines sociales y productivos del valle
Bosques ribereños
Ambientes xerófilos de la costa sur del río Neuquén y del Limay
Islas de los ríos Limay, Neuquén y Negro
Tierras ribereñas de la Confluencia, en todas las márgenes de los ríos.
Cauces secundarios y lagunas del valle
Albardones y relictos del monte xerófilo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario